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22 October 2007 @ 12:03 pm
Pulsar el interruptor- ¿Qué es aquello por lo que vives?  

Es una obra de teatro que habla sobre la vida y la muerte, sobre todo del suicidio. La situación es la siguiente: hace 17 años los científicos japoneses (obviamente no es cierto, eh?) empezaron un experimento con niños, a los que, al cumplir los diez años, se les otorgaba un cilindro blanco con capucha y un botón rojo bajo ésta, y con un número escrito en él. Si pulsaban este interruptor, morirían instantáneamente. Muchos de estos niños murieron ya el primer día, pues lo apretaron por curiosidad, causándose su propia muerte. Poco a poco, la mayoría de estos niños fueron apretando sus interruptores, debido a la extrema facilidad que representa.

La obra nos cuenta la historia de uno de los diversos centros donde se realizaba este experimento, en el que sólo quedan cuatro de esos niños. Son tres chicos y una chica. Uno está enamorado de la chica, la cual cuida de todos ellos, demostrando una enorme fortaleza. Ambos intercambian sus interruptores al principio de la obra, demostrando la inquebrantable confianza de su relación; él alega que es para que no pulsen el interruptor en un momento de deseperación, y que así cuidarán de la vida del otro. El segundo chico es depresivo, pero ha conseguido sobrevivir durante todos estos años, gracias a que tiene una novia en alguno de los otros centros del experimento, y quiere reencontrarse con ella. El más positivo y optimista es el tercer chico, interpretado por Aiba Hiroki (Tenimyu, Prince of Tennis (la película), Delicious Gakuin...), y que es minusválido. Sonríe y confía fácilmente en los demás, le gusta la música y sale cantando en varias escenas.

El director del centro, uno de los científicos, es un déspota, les trata mal (pega a la chica con una brutalidad sorprendente) e intenta minar su moral poco a poco, con el objetivo de que los cuatro acaben por pulsar su respectivo interruptor.

Tras presentarnos estos personajes, llega alguien nuevo al centro: Minami (Nagayama Takashi), un chico que trabajará junto al director. Los cuatro supervivientes se muestran desconfiados, a pesar de las muestras de afecto que Minami les profesa: les lleva unos donuts (ellos no veían nada del mundo exterior, y el director no les proporcionaba ningún tipo de capricho) que el director detroza, defiende a Masami (la chica) y la consuela cuando sufre un ataque de histeria al recibir una brutal paliza del director, defiende al chico minusválido cuando el director le dice cruelmente que nunca conseguirá nada en la vida y que se deje de sueños imposibles mientras destroza las partituras y las lanza por el escenario, y además recoge (Minami) e intenta arreglar las partituras para dárselas al chico, junto con unas palabras de ánimo.

El primero en confiar en él es el chico minusválido, seguido por Masami, al ver la amable reacción de Minami, y por el chico depresivo, al ver cómo Minami juega con el chico minusválido al beisbol, e incluso le gasta bromas. El único que no confía del todo en él, en gran parte por celos, ya que siente que le está arrebatando a Masami, es el chico enamorado de ella. Podemos ver que tiene razón en una escena posterior, en la que sale a un balcón de noche para cantar una canción cuya letra Masami ha escrito, con la esperanza de que ella lo oiga, y ella le escucha pero mira a Minami, que está bajo su balcón cantando a la vez. En esta escena, en la que se puede apreciar la relación Minami-Masami, ella nos revela un dato relevante sobre lo que significa vivir para estos chicos, y es que, cuando Minami le desea buenas noches, ella le dice que los niños del experimento no se dicen "Buenas noches", sino siempre "Hasta mañana", para que el deseo de volverse a ver prevenga al otro de pulsar su interruptor durante la noche.

Poco antes de la escena, nosotros como espectadores hemos hecho un terrible descubrimiento: Minami tiene dos caras. Él, que trabaja con el terrible director del centro, también debe conseguir que los chicos pulsen su interruptor, pero decide conseguirlo de una forma más rápida y eficaz que el director del centro, al que revela sus planes: hará que los chicos confíen en él, y poco a poco irá acabando con ellos. Sin embargo, la excelente actuación de Nagayama Takashi, y el guión en sí, nos hacen dudar de qué parte es la real, y a quién está intentando engañar.

El primero, esta vez en sufrir el fatal destino, es el chico depresivo cuya novia estaba en otro centro, y que confía este secreto a Minami, junto con una carta que él se compromete a hacer llegar a la chica, e incluso le da esperanzas, diciéndole "si tú has hecho tanto por ella, seguro que sigue viva". La siguiente escena es de lucha con el director, que tras ser empujado por Minami, y cuando se encuentran solos de nuevo, le devuelve su chaqueta y la carta que ha encontrado, y entonces descubrimos que no sólo no tenía intención de hacerle llegar la carta a la chica, sino que además ya sabe que había muerto hacía años.

La conversación que tiene más adelante con el chico de la carta es muy diferente, pues le dice que la chica seguía viva, y que le hizo ilusión recibir aquella carta que llevaba tanto tiempo esperando. La bondad de su mirada y la complicidad que demuestra nos hace replantearnos el personaje, y preguntarnos si lo hace en realidad para que el chico siga teniendo una razón para vivir, lo que es obvio al ver la euforia que éste expresa, al saber que su querida novia sigue viva, que había estado esperando noticias suyas, y que se sintió agradecida al recibir la carta. Actúa y ríe como un niño, y hasta parece que va a abrazar a Minami de pura felicidad, mientras pregunta "honto? honto?" (¿en serio?). Y Minami le dice que no. Que la chica, tras leer su carta, tras todos estos años, pulsó el interruptor. Por su culpa. Por escribirla esa carta. Tras una escena oscura y brutal, en la que sale a la luz la verdadera personalidad de Minami, que grita al chico, le presiona y se le echa encima mientras el otro apenas puede moverse (está tirado en el suelo) o respirar, el chico se pone en pie y dice que lo ha entendido, a lo cual, Minami hace una pequeña reverencia y se va sonriendo, mientras el chico pulsa su interruptor con un sonido que envuelve todo el escenario (los que allí estuvieron dicen que aún pueden oir el sonido del interruptor, y que la gente empezó a llorar) y la oscuridad lo envuelve todo.



Opino que ir más allá sería revelar demasiado, así que quizás ponga la continuación, si alguien lo desea, en los comentarios ^^

 
 
 
hamykiahamykia on October 28th, 2007 09:44 pm (UTC)
Ah, 7 años, 7...
Quería decir que tienen 17 xDD